La Opinión
- 17 jul 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 22 jul 2025

Hoy, mientras manejaba rumbo al trabajo escuchando las noticias, me vino una idea a la mente: algo que jamás le podrás quitar al mundo es su opinión. Y lo cierto es que toda opinión, venga de donde venga, es válida.
Aristóteles decía que una mente educada es capaz de entender un pensamiento diferente al propio sin necesidad de aceptarlo. Pero seamos honestos: qué difícil resulta para muchas personas escuchar sin debatir, sin intentar imponer su punto de vista.
¿No son acaso las diferencias de opinión la raíz de tantas guerras? ¿De divisiones familiares? ¿De rupturas amorosas y amistades perdidas?
Vivimos en un mundo donde cualquier medio físico o digital te permite expresar tu opinión. Y justo eso me hizo reflexionar: ¿Cómo ha cambiado mi opinión sobre la vida con el paso del tiempo?
A veces siento que la vida va tan rápido que apenas me doy cuenta. Miro atrás y me sorprende ver que ya estamos en 2025. Recuerdo claramente estar en el año 2000, escuchando las teorías sobre el fin del mundo predicho por los mayas, creyendo que todo acabaría al primer minuto del 2001. Pero no fue así. Aquí estoy, un cuarto de siglo después, dándome cuenta de que muchas veces vivo con tal prisa que ni siquiera me detengo a disfrutar el café de la mañana, una buena conversación o, al menos, intentar sacar algo positivo del tráfico interminable de la Ciudad de México.
Quienes vivimos aquí sabemos que enfrentarse al tráfico requiere habilidades psicológicas especiales. Necesitamos paciencia para llegar al trabajo sin colapsar emocionalmente, y más paciencia aún para rendir bien en la oficina y conservar energía para regresar a casa.
¿Te has detenido a pensar en lo que nos hemos convertido como sociedad? Vamos y venimos a nuestros trabajos en piloto automático, sin detenernos un minuto a reflexionar: ¿Qué está pasando? Y lo que está pasando es, ni más ni menos, la vida misma.
¿Cómo podemos equilibrar esta realidad que elegimos vivir, sin caer en una rutina que nos hace despertar a los cuarenta preguntándonos si realmente estamos haciendo algo significativo con nuestra existencia?
Vamos a la escuela, intentamos ser buenos hijos, buenos hermanos, buenos empleados, corremos el 10K del fin de semana, nos perdemos en las redes sociales… seguimos una secuencia de vida aprendida que nos permite vivir, o tal vez, simplemente sobrevivir.
En el “Recomendado de la semana” te comparto un libro que me ha ayudado a encontrar un poco de equilibrio entre lo que vivo en esta selva de asfalto, lo que mi mente anhela y lo que mi cuerpo necesita sentir.
Y no lo olvides: que nadie te robe tu opinión. En tus tiempos de trayecto o pausa, ¿por qué no escribirla? Y si no sabes dónde compartirla, aquí estoy. Estoy lista para leerte.
Nos vemos pronto.




Comentarios